viernes, 5 de noviembre de 2010

El fin

El silencio era absoluto. Saqué un encendedor y lo prendí, haciendo que la punta de mi cigarrillo se encendiera. Sentí como el humo recorría mi garganta hasta llenar mis pulmones y lo deje unos segundos allí. Luego lo liberé lentamente.
No se escuchaba nada más que el cigarrillo consumiéndose y mi respiración tranquila. 5 pitadas, 6 pitadas, las cenizas se desprendían rápidamente y dejaban al intemperie su parte anaranjada.
De repente lágrimas comenzaron a salir de mis ojos recorriendo mis mejillas, dejando restos de maquillajes en su camino.
Mi mente no entendía la razón pero me era imposible parar de llorar. Mi cigarrillo se terminó completamente quemándome la punta de mi yema. Cerré los ojos y dormí y nunca más desperté.