No se escuchaba nada más que el cigarrillo consumiéndose y mi respiración tranquila. 5 pitadas, 6 pitadas, las cenizas se desprendían rápidamente y dejaban al intemperie su parte anaranjada.
De repente lágrimas comenzaron a salir de mis ojos recorriendo mis mejillas, dejando restos de maquillajes en su camino.
Mi mente no entendía la razón pero me era imposible parar de llorar. Mi cigarrillo se terminó completamente quemándome la punta de mi yema. Cerré los ojos y dormí y nunca más desperté.