Cuando pienso en el pasado, el Jardín me parece un sueño. Era hermoso, de una hermosura insuperable, encantadora y, ahora, se ha perdido y no lo veré nunca más.
He perdido al Jardín, pero lo he encontrado a él y estoy contenta.
Me ama tanto como puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada y esto, es lo propio de mi edad y de mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, me doy cuenta de que no lo sé y, realmente, no me importa demasiado saberlo; por eso, supongo que esta clase de amor no es un producto de la razón y de las estadísticas, como el amor que se siente por otros. Creo que así debe ser.
Amo a ciertos pájaros por su canto; pero no amo a Adán por la manera en que canta, no, no es eso: cuanto más canta menos me resigno. Sin embargo, fui yo la que le pidió que cantara, porque quiero aprender a gustar de todo lo que le interesa. Estoy segura de que puedo aprender porque antes no podía soportar su canto y ahora puedo.
No es a causa de su inteligencia que lo amo, no, no es eso. No hay que culparlo por el estado de su inteligencia, porque él no se hizo a si mismo. Hubo un propósito sabio en ello, eso lo sé. De a poco se irá develando, aunque creo que no será repentino; además, no hay apuro, está bastante bien tal como es.
No es por sus modales graciosos y considerados, ni por su delicadeza que lo amo. No, tiene defectos en la materia, pero esta bien así y está mejorando.
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