jueves, 29 de abril de 2010

Vivir Para Siempre.

Otro relato recogido de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto podía anhelar su corazón, y que deseó vivir para siempre.
En los primeros 100 años todo fue bien, pero después comenzó a encojerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni beber, ni comer. Al principio, la alimentaban como a una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia.
Todavía esta ahí, en la Iglesia Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

ANÓNIMO

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