jueves, 6 de mayo de 2010

A la Orilla de la Chimenea.

Puedo ponerme cursi y decir, que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños.
Puedo ponerme triste y decir, que me basta con ser tu enemiga, tu todo, tu esclava, tu fiebre, tu dueña.
Y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu Dios, tu asesina.
O tal vez esa sombre que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea, a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir, que no soy la mejor, que me falta valor para atarte a mi cama.
Puedo ponerme digna y decir, toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos, de un rato me llamas.
Y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu astió.
O tal vez ese viento, que te arranca del aburrimiento y te deja abrazado a una duda, en mitad de la calle y desnudo.

Y si quieres también puedo ser tu abogada y juez, tu miedo y tu fe, tu noche y tu día, tu rencor, tu por qué, tu agonía.