Y, nuevamente, atraviesan mi garganta los restos de tu esencia que dejaste pegados en mis encías. Tres meses han pasado y no logro limpiarlos, cada día vuelven a raspar mis cuerdas vocales cual humo de cigarrillo y me impiden hablar, y no me dejan reaccionar.
Y, otra vez, vuelvo a respirar los restos de tu aroma que dejaste impregnados en mis sillones y hasta en mi piso de madera, y me quema, es humo, tan tóxico y tan bello.
E intento besar tus labios pero tu imagen se me va, otra vez, se pierde tu recuerdo y es entonces que recuerdo que ya no estás, que te fuiste y no volverás.
Y a la noche, cuando estoy triste y sola, te pido que me abraces fuerte y por un momento te siento, cuerpo a cuerpo, cuidándome como pensé que sería por siempre.
Y con tu maldita precensia inexistente logro superar mis noches frías y vacías, para en algún momento despertar en un nuevo día lleno de resurrección.
Necesidad, estúpida necesidad de ti que no me deja dejar de pensarte y vivir.