No me mires con ojos de furia y desamor, esos mismos ojos marrones que en algún momento me miraron con pasión.
¿Por qué es tan injusta la vida? ¿Por qué tan vació el dolor?
Yo no merezco nada de esto, yo no cometí ningún error.
No me eches esa falsa sonrisa de esos labios que besaba con ternura y amor. Como si no me extrañaras, como si no estuvieras necesitando mi calor.
No son reproches, no son intentos de repercusión, no son heridas abiertas; sólo un capítulo y un final que no termino.
No te estoy pidiendo nada nuevo, nada más no tengas rencor.
Ya te perdone y estoy intentando olvidarte pero ¿cómo hacerlo si aún estas aquí?
Carisma, ¿dónde estás? Lamento, defensas, nada lo cubrirá.
Por algo estarás así, envida, celos; no serán. Perdón se ha convertido en una palabra demasiado vulgar.
¿Podés defenderte? Por favor, te lo ruego, pará.
Espacio inconcluso, lleno de vómitos de emociones.
Te lo repito mil veces, solo con tu impaciencia te quedaste.